sábado, 4 de enero de 2014

Sentir Es.


Si quisiera despertarte lo haría, pero me apena quitarte de la tranquilidad que me manifiesta tu rostro, prefiero contemplarte a la distancia propiciandote de vez en cuando una caricia. Las yemas de mis dedos piden a tus parpados cerrados, se deslizan por tu nariz y terminan en tu boca tibia, el lecho de mis labios.
Si pudiera describir la felicidad en un instante, recurriría a ese momento en el que como sin querer tu boca busca mi boca por encima de todo, recorre mi rostro hasta topar con la suavidad de mis labios, donde lentamente las bocas se entreabren para dar paso al aliento, húmedo, donde dos lenguas se aparean dentro de túneles empapados de saliva; dos ríos que se unen y despiertan largos gritos de ahogo en las entrañas, reiterados temblores en las piernas y un agitado latir del corazón. Un hecho tan simple como un beso se resume en un destello ligero de felicidad, en el que si el fin del mundo nos tocara justo en ese mismo instante no existiría nada que lamentar; pero aún así no me conformo, por el contrario me entusiasmo y decido rodearte con mis brazos, acariciar tu espalda desde tu cintura hacia tus omóplatos. El éxtasis agónico invade mis labios que se despegan de los tuyos para recorrer el entramado camino de texturas hasta tu cuello en donde encuentro un pequeño refugio para ahuyentar la soledad; allí donde tu piel es perfecta, donde tu aroma invade mis sentidos que despiertan de golpe y buen humor, los mismos que me llevan a cerrar los ojos y solo dedicarme a sentirte, a abrazarte mas fuerte. Cuando la piel se hace insuficiente comienzo a danzar al son de tu respiración sobre tu oreja, sobre cada poro y cada milímetro.

Me separo y te miro, tus pupilas gigantes desesperadas me piden calmar el deseo que nos despierta el alma y agita las aguas de nuestros encuentros, en donde hablar se resume a los inicios del mundo: la palabra aún no había invadido nuestras culturas, la piel tenía mas escritos que todos los papiros del universo, cuando éramos solo  sentidos colapsados a la espera de ser accionados.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Elefantitis.



Todas las mañanas que pertenecen y forman parte de la cuenta regresiva hacia fin de año, el mundo, dios, Alí Babá o quien sabe quién, libera una manada de elefantes gigantes que se posan sobre los humanos un minuto antes de que suene el despertador. Algunos científicos no tan agnósticos creen y certifican que el fenómeno ocurre a modo de venganza de parte de estos bichos gigantes por tantos años de maltrato y por haber usado sus espaldas a modo de carruaje para transportar personas y maletas pesadísimas. Como sea, el humano poseedor de este elefante sobre su espalda, al sonar el despertador, estira la mano con los ojos hinchados y todavía cerrados, la boca seca o muy babeada, y a través de manotasos secos logra desactivar la bomba que implica el comienzo del día, o el comienzo de su propio día, entonces cuando quiere levantarse siente ese enorme peso en su dorso que le impide hacer un mínimo movimiento, y es ahí cuando comienza la lucha entre el humano y el terco elefante que no está dispuesto a moverse ni medio centímetro. Como todo humano perseverante, lucha a través de palabras mentales, (porque los elefantes se comunican con nosotros por vía mental), diciéndole que por favor se quite dos segundos, que luego tendrá toda la cama para él solo. El elefante le comenta que su misión es permanecer en ese sitio hasta que se le dé la gana. A veces el humano desiste y el elefante le rocía un poco de polvo 'cinco minutos más' y se queda dormido. Cuando vuelve a abrir los ojos se da cuenta que pasaron treinta minutos y con una fuerza sobrenatural logra disipar el peso y saltar de la cama al mismo tiempo que el elefante se ríe en su propia cara. Ya de mal humor y apurado, el humano se viste y se va a hacer sus tareas sin siquiera tener la posibilidad de probar un bocado de lo que pudo haber sido un desayuno perfecto si ese mal llamado paquidermo no hubiera sido tan obediente de ejercer a la perfección su tarea engorrosa arruina mañanas.
Pero si lo evaluamos desde una visión panorámica, y comparamos la vida de otros humanos en relación a estos mamíferos placentarios, quizá nos demos cuenta que poseer uno solo es una gracia divina. Hay humanos que poseen sobre sus espaldas una familia entera de elefantes, humanos que se levantan con un papá elefante, una mamá elefante y uno o dos hijos elefantitos; esos humanos son los que más sufren, porque acarrear con uno ya es trabajoso, pero al fin y al cabo uno puede desviar el peso y conseguir levantarse de la cama, tarde, pero seguro, al contrario de estos pobres bípedos que se levantan con toda una manada es su espalda, donde casi la totalidad no logra sacar ventaja ante la lucha y queda postrado en su manantial de sábanas doradas por el polvo 'cinco minutos más', dejando de lado todas las tareas previstas para esa mañana para unas cuatro o cinco horas más tarde. A estas familias de gigantes se las suele premiar con más polvos con más graduaciones temporarias para que sus trabajos sean ejercidos con mayor eficacia, lo que genera un trastorno para el humano que conviva con ellos. Ni hablar si esa manada se encuentra en el periodo reproductivo.
Ahora yo quisiera cortar la calle Colón, a la altura en que cruza con General Paz y generar una manifestación, pidiéndole a quien sea que corresponda, que verifique la idea de poder mandar a estos elefantes un poco antes del sonido catastrófico del despertador, quizá podrían mandarlos, como sugerencia, en el momento en que decidimos que el día ha terminado y apoyamos nuestras cabezas en la almohada. De esta forma ellos llegarían para asegurarse de que los humanos no suframos de insomnio ni de ninguna patología relacionada con las horas de sueño, y así cumplido su trabajo podrían despedirse de nuestras espaldas justo en el momento en que se escuche la señal acústica de la mañana. Así su trabajo sería más certero y menos trágico para nuestras obligaciones cotidianas.
Yo no sé con quien habrá que hablar para cambiar esta modalidad que comienza a ejercerse en cierta época del año, esa época en la que necesitamos tener los radares más atentos y no más dormidos como plantea este universo. Espero que el día que se extingan estos elefantes voladores no caiga sobre nosotros la venganza de los caballos de carga, reemplazando la vieja tarea de los mamíferos que alguna vez sostuvieron el mundo.

Por lo pronto, los que quieran sumarse a la manifestación pueden contar conmigo ineludiblemente, solo deben venir a sacar esta horda de familias que tengo en la espalda  que hace cuatro días que no me deja levantar.

sábado, 3 de agosto de 2013

Aimer poudre.



Un fuerte dolor en el pecho acusa aquel frío calando los huesos, será la artritis en el corazón que en cada latido desgrana el músculo en polvo olor a fin, no tiene significativos precedentes y aún así me arremango la piel y lo aúno en un pequeño receptáculo agrietado, ya casi repleto. No te preocupes por favor, cuando esté abarrotado de cenizas te lo cederé, al fin y al cabo siempre te perteneció, el corazón (o sus restos en polvo) y su congruente dolor. Te propongo rearmarlo, por consideración, o por egoísmo, eso te impulsa mas, el egoísmo de liberar culpas, el pasaporte y la reserva del espacio divino. Mejor no te arriesgues ni desgastes, te brota fuego de los pies, insensibilidad de los ojos, cuernos de los pelos, y aún así, incomprensible e incompleto no se odiarte.
Ya no interesa si no seré yo quien se levante con tu perfume en el cuerpo,
si no seré yo quien se acueste en tus plumas, en tu mundo rosa,
si no seré yo quien te sonría cada mañana,  
si no seré yo quien te diga en el oído cuanto te he extrañado, 
si no seré yo la que te invente cuentos solo para verte reír, 
si no seré yo la que te abrace cuando duelas, 
ni mucho menos si seré la que engendre la dulzura de nuestro amor en mi vientre.
Ya no importa porque ya es tarde. El sol se desvaneció en el horizonte cuando te conocí, como si Dios mismo supiera que no habría luz para nosotros, o como si nos brindara oscuridad para nunca vernos los rostros, para nunca mirarnos a los ojos, para andar como dos ciegos que solo se aprecian por lo que tocan, por lo que escuchan, por lo que huelen, por lo que sienten. 
De pronto un día de luz comenzaste a ponerte cada vez mas rígido, tus expresiones mas duras, tu piel asemejándose a la arcilla seca volviendo al estado en el que estabas minutos antes de respirar vida. Toqué tu rostro y se desarmó tu mejilla, luego tu nariz, tus labios hasta que terminaste siendo polvo, como una casa muy grande y muy vieja que cae porque sus paredes no soportan el peso del techo. Dejaste desperdigadas por el aire todas tus cenizas, me empape las manos de ellas y las implante en mi corazón, y quizá por vez primera fuimos uno los dos. Luego me tocó a mí, mas lento y dolorosamente, órgano por órgano, comenzando por el de la vida, el que te regalé en la oscuridad y el que te regalaré de nuevo cuando este completo mi desvanecer, así podrás rearmarte y tener un poco de mi. Permíteme al menos dejarte una marca, por si alguna vez te quedas sin historias que contarles a tus descendientes y creas conveniente recurrir a ese trocito de polvo olvidado en el vacío de tu pecho, que la nostalgia te inunde y puedas hablar de mi con pena por haberme olvidado o con alegría de haberme recordado. Yo podría decir lo mismo de vos, pero se que nuestra historia quedará escrita en mi memoria hasta el día en que tu muerte me devuelva a la vida, pues solo así lograré el olvido.

J'espère que vous pouvez pardonner mon excès d'amour...

lunes, 20 de mayo de 2013

Une image est déformée de l'autre côté du miroir.



Una vez mas te veo venir, con la cabeza gacha y ese andar tan tuyo. Te detienes frete a mi y tus ojos azules me van descubriendo paulatinamente desde abajo hacia arriba. Traes con vos tus te amo de juguete y das la señal como un potrillo a punto de relinchar, es hora de volver a jugar. Pero que clase de peón elegí ser, que jodida resulté ser. El triste peón con aspiraciones de reina. Para, dejate de joder, yo no quiero jugar, ni a esto ni a nada. Esto no es lo que dijiste , y si lo fuera, es la clase de diversión que tiene todo lo que no me divierte, todo lo insano, demente e inmundo de los juegos que desprecio. Vos sos todo lo que nunca quise, y aun así, te amo.
No obstante seguís ahí mirándome, con la misma mirada con la que los viejos miran a los niños, con los ojos agrietados, iluminados, contemplando el exceso de vida que les recuerda la poca que les queda a ellos. Te entiendo, créeme, así de fascinante soy cuando me siento atraída por tus ojos azules claros, clarísimos. Pensándolo bien son celestes, pero tan profundos que pareces azules y tan tristes que parecen estrechos, y encima me miran y se encienden. Definitivamente no quiero jugar. No debo, aunque me muerda los labios amargos, urgentes, desesperados. Cuanto te amo.
Aún me retumba el adiós en los oídos. No se si mencionaste algo antes o después, seguro que si, sos un parlanchín de esos que dialogan hasta por los codos para no quedar mal, de esos que se llenan la boca con excusas para no inculparse luego, para ser un poco mas in imputables, pero ya lo dijo Cortazar "las excusas son errores bien vestidos" .
 En mi entrecejo ya está  tu rostro labrado, sos todo imputable, desde los besos y las caricias hasta el adiós . Puta, no me lo saco mas de la memoria, ni una cosa ni la otra. Aunque a los besos ya no los recuerdo, pero ese adiós me tortura y desde ese día, el de su repentina aparición, estoy corriendo para que no me alcance nunca, pero hoy... hoy me detuve y miré hacia atrás con la esperanza de que ya se hubiera esfumado, pero no, sigue ahí y admito que no me sorprendió. Sigue ahí tan pegado como si nunca hubiese avanzado ni dos pasos. Se apoya en mi espalda y me roza, respira en mi oído y lo siento tan entero, tan tangible sobre mi piel; descansa sobre mi, y entonces se achica, se hace pelota, se trepa a mi lomo, me abraza y me acompaña toscamente en mi andar. 

miércoles, 17 de abril de 2013

Volver.




Si alguna vez decides volver, 
y esperas cruzar el puente que construimos, 

a través de nuestras grandes diferencias, 
y resuelves esperarme a la mitad,

te advierto, 
no vuelvas,

no voy a caminar mas de lo ya caminado. 
Si alguna vez decides volver 
deberás cruzar el puente entero vos solo
y rezar en tu andar
para que yo este en la otra punta 
esperándote.


martes, 2 de abril de 2013

Dernier.



La luz penetra por los espacios entreabiertos de la persiana, ilumina con intensidad mis ojos, y te veo, me siento en la cama, apoyo los pies lentamente sobre el suelo de parquet y te veo, me paro y voy al baño, abro la canilla de la ducha y dejo que el agua caiga suavemente sobre mi cuerpo, te veo.
Me cambio, voy a la cocina y preparo el desayuno, un té, una tostada que muerdo, larga su clásico ruido y te veo.
Me miro en el espejo, me peino, maquillo las lágrimas y te veo.
Paso el umbral de la puerta, bajo por el ascensor, saludo al portero y te veo. Camino la mañana fresca, transito por el manantial de calles tempestivas rodeadas de autos y personas que te ven, tal cual como te veo yo.
El sol se esconde tras unas gordas nubes grises que me recuerdan donde fue que perdí mi paraguas y te veo. Recorro la ciudad, hablo con la gente, termino trámites, asisto a clases y te veo. Se hace tarde y el sol que sigue escondido se despide lentamente por allá lejos, tímido y colorado. El frio me sonroja la nariz, te veo.
Camino hasta la parada del colectivo, la espera me impacienta y cada vez hace más y más  frío, el abrigo se torna ineficiente. Me subo al fin, mi transporte llegó, saludo al chofer. Sentado en un asiento de por ahí te veo, me paro al lado tuyo, que importa cuántos asientos hay vacíos. Te haces el tonto y no me miras, yo te miro fijo no tengo miedo. Transitamos baches y lomadas mientras vos te escondes detrás de un mechón de pelo que recae sobre tu frente para sentirte seguro, pero te veo igual que siempre. De pronto te paras y quedamos cara a cara, no me inmuto, me miras por fin, me pedís ‘permiso por favor’ entonces me corro y pasas. Te bajas del colectivo y te veo por allá, perdiéndote en el fondo de  las calles, las casas y las cosas, pero te veo a medida que se distorsiona la imagen y vas desapareciendo de a poquito. Ya no te veo y me bajo del colectivo, camino hasta mi casa, subo el ascensor, el portero no me ve. Paso el umbral de mi puerta y no te veo, me miro al espejo, me quito el maquillaje con un suave algodón y no te veo, me siento en la mesa, ceno un poco de arroz blanco con limón, bebo agua y no te veo. Voy al baño, cepillo mis dientes, me lavo la cara, me desvisto, me pongo el pijama y no estás ahí. Me saco las pantuflas, apoyo los pies sobre el parquet, destiendo la cama, apago la luz e introduzco suavemente los pies entre las telas, me acuesto, miro a mi derecha y definitivamente ya no estas ahí.

sábado, 2 de marzo de 2013

De dolencias.



El dolor que sacaron tus caricias aquella vez, hoy se muestran como marcas de rasguños sobre mi cuarteada piel, dijo y se desmoronó sobre un suelo inundado en lágrimas. 
¿Hasta dónde se soporta el dolor, hacia dónde nos conduce la pena mas amarga de todas?, a la soledad incondicional quizá. ¿Por cuanto tiempo se deberá llevar el luto bajo los ropajes?, estar vestidos ya es luto. 
Una odisea de nunca acabar, es así que las penas conviven con uno mismo hasta la muerte, o siguen aún después de eso, ¿no son acaso las almas en pena las encargadas de demostrarlo?. 
Si duele es porque hay vida, dicen, si no duele es por costumbre ¿o por que ya no hay vida?. 
No. 
La puerta esta abajo a la derecha, es pequeña y estrecha. 
No paso, o paso a medias.  
Dejo medio cuerpo a mitad de camino. 
¿Que lado del cuerpo me llevé? 
¿La mitad donde estaba el corazón o la mitad vacía?. 
Si no siento nada... ¿es porque ya me acostumbré o porque ya no hay vida?.