jueves, 6 de diciembre de 2012

Cursilandia: el país donde se sueña con amor.


Los vecinos de abajo charlan muy fuerte; Canela se me acerca, apoya su hociquito en mi mejilla y se va a sentar en su trono desde el que me mira y me sonríe, juro que sonríe mientras entrecierra los ojos, contornea su cuerpito con su cola y se queda quieta, sólo mueve las orejas, siempre atenta. Yo, me siento e intento recordar lo que soñé, me levanté feliz, como cada vez que te sueño. Creo que caminábamos por varios lugares tomados de la mano, nada nos separaba, nos agarrábamos muy fuerte, como quienes no quisieran separarse jamás el uno del otro. Pienso; si las personas se tomaran mas tiempo de las manos el mundo sería mejor, si dos personas que se aman se agarraran mas fuerte, su amor sería eterno. Las manos, lo mas externo, lo mas visible del amor; con ellas damos y recibimos, una caricia, una palmada de aliento, una reverencia. 
Que raro es soñar cada vez que cierro los ojos con la misma persona. Me resulta increíble que alguien pueda perpetuarse en los sueños, no se, nunca me había pasado. Quizá para Neruda era algo habitual, así como para Shakespeare era una rutina y para Adolfo Bequer una cotidianidad.
Que simple es esto del amor. Uno no entiende nada hasta que lo siente, y una vez que lo siente todo parece descifrarse,  permeabilizarse, encontrarse... justificarse. Es cierto, no lo había pensado hasta hoy, el amor justifica todo. Toda buena acción capaz de ser percibida por el resto del mundo o no, esconde una connotación de amor, a veces muy notoria y otras no tanto, pero siempre hay una leve melodía de fondo que justifica con amor.
Yo amo porque me siento amada y cuando me siento así, amo y nada mas; el resto, acciones y palabras, solo fluyen con el viento rozando tus mejillas, con el sol alumbrando tu camino o con la luna velando tu sueño.
Cuando te amo puedo mover montañas, agitar o calmar los mares... volar. Cuando te amo puedo ser quien soy. Cuando me amas soy quien quiero ser el resto de mi vida. 

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