jueves, 5 de mayo de 2016

Especial.







Podría decir que sos especial, pero no es así, no porque no lo seas, si no porque en mis ojos todas las personas son especiales de una u otra forma; entonces me doy cuenta que no sos vos, soy yo; soy yo la que se siente rara, especialmente rara cuando estoy con vos y vos estas conmigo también y entonces estamos juntos. No es general, no me pasa con el chico del quiosco y su espléndida sonrisa, porque no me alcanza, ni tampoco con la profesora de contaduría que me guiña el ojo cuando resuelvo todo bien, ni con el vecino que me regala brotes de sus plantas para adornar mi jardín. Es muy particular, porque no importaría si fueras mas alto o mas bajo, de tez mas clara o si fueras oriental, da igual porque no tiene forma, o tiene todas las formas, pero está ahí, detrás de tu pecho enredándome el cuerpo, volando mi mente, colmando los espacios, abrigando mi invierno. Y es ahí cuando entiendo que es lo mismo si es martes o viernes, si llueve o hay un sol gigante plantado en el cielo, si todo salió bien o el día me hizo llorar. Estás ahí, mirándome tan callado y diciendo tanto, liberándome cada parte del alma con tanta fuerza que parece algo del cielo y de Dios. Es diferente, es impoluto y elegante, sincero y vehemente, de novela, de carta de amor, de película cincuentona, una melodía de jazz; bello y tranquilo como un lago en otoño dónde las aquietadas aguas forman grandes círculo concéntricos cuando alguna hoja seca cae y le acaricia la frente: cristalino y jovial, pero nuevo aunque sea viejo, como esto, que es distinto y tan igual porque tiemblo y me miras, sonrío y te beso la mejilla mientras vemos desde el balcón al sol cayendo: adiós de luz, la veremos mañana, ¿la veremos?.



Amanece.


Cuánto te quiero, me duele pensarlo,
pero amanece en las sierras
el agua baja por el camino a tu cuello,
tu mirada tan lúcida, tus pupilas al son,
amanece y ya no quiero que salga el sol.
Ser el retrato eterno de la tempestad y el refugio.

Mi asilo en tu mirada me da permiso,
no quiero ser huérfana de vos,
acompáñame en el viaje,
te quiero en el desayuno en la cama,
te quiero de postre sobre las sábanas.

Transformé el ego en valentía,
tengo ganas de ser aquello que pensé que no sentía,
duele un corte y tu piel, no puede ser mas real,
porque es abstracto en el beso
y en el ensueño tan leal.

El amor somos los dos 
durmiendo separados, soñándonos juntos.
Si esperé tanto a la vida
¿cómo quedarme atrás?

Voy al frente sin peros ni porqués,
aunque tiemble martes a las seis,
no importa cuanto tardes,
si años, uno, dos o cien,
te esperaré en silencio
en el alba y el atardecer.

domingo, 17 de abril de 2016

Canción sin decisión. 


Un rayo de sol desciende detrás de vos.
Que abrazo tan fuerte, se desmorona el sol,
bailan las hojas, mi otoño sos vos.
Bella distracción la de tu piel en mi boca,
la caricia insistente y el viento en tus labios.

Caminando se llega,
 la fuente nos moja, 
bendición tus ojos café al sol
pasarela crujiente al mar y al amor.
Encantador es el olvido que no te olvidó,
quiero, quiero, quiero con vos.

Miro, tiemblo, deseo
todo resuelve inconstante,
la espada atraviesa la pared,
estas ahí, 
¿qué puedo hacer?
correr o caer.

Todavía no me lo creo,
lo entiendo pero no se cuando
ni en que momento,
te tengo y entonces me tengo también.

Me lo sugieren los ajenos
que dicen estar en lo cierto,
lo siento en mi cabeza,
no quiero dar vueltas
pero todo gira incansable
no somos inalcanzables.

Miro, tiemblo, deseo,
todo resuelve inconstante,
la espada atraviesa la pared,
estas ahí, 
¿qué puedo hacer?
correr o caer.

Todavía no me lo creo,
lo entiendo pero no se cuando
ni en que momento,
te tengo y entonces me tengo también.

Miro, tiemblo, deseo,
todo resuelve inconstante,
la espada atraviesa la pared,
estas ahí, 
¿qué puedo hacer?
correr o caer,
quiero, quiero, quiero con vos.






Albura.

Exquisito, loco y bastante,
caminas, me llevas por delante,
conozco desde chica
tu sonrisa constante.
Te gusta mirar la luna
 y nunca extrañas el sol,
de tu sabor el fulgor,
 nunca entendiste el miedo al hablar de amor.
ya no quiero príncipes decorados
 los pateo, los vuelvo blancos.
Ahora vos,
apuesto, soy quimera.
Me conoces, 
y me besas.
Magneto de lava y gloria,
el norte de mi sur, mi supuesto,
te pregunto al oído:
¿tanto tardé en ver cuánto eras?
me miras desteñido 
fumando un cigarrillo en el balcón.
Puedo ser tu noche de musas, tu traje de gala y tu show,
mejor no hablemos, ya sale el sol.
A penas veo, no hay dolor,
que no te asuste mi plegaria,
hacía rato te esperaba.
Se te nota en la mirada, 
tus mejillas coloradas.
 Siento y mido tu reflejo en mi caricia,
El drama ya no es moda, es limonada,
y ahora acá,
aprenderé a rezar.
Singular no es azar.




La flor que crece sobre la lava.



Despierta o dormida, cerca o lejos,
inmarcesible está, incómodo divaga
sobre cordones borrascosos.
Se nubla y anochece en su roce
(yo) deambulo intermitente.
Vamos bebiendo rodetes de conciencia
¿llegará?
Mirar el cerezo y ser magma
¿cortaré la flor?
los dedos húmedos mojando el pétalo mejor.
Un recuerdo atemporal y mondo
se desgarra a voluntad.
Un lugar lejano y mas que el sol,
tal vez cercano es contemplar,
vitrina de papel
cuanta lluvia para desarmar .
Otra vez vuelve a renacer,
cuando el fuego abrace la flor
que abraza su faz
sea aire y relámpago
sea infinito y dulce
sea ceniza y nada.

La inconstancia de la marea
no conoce de profundidades 
ni el acero su fusión
ni la flor su néctar
ni preguntan ni divagan
ni laten ni suponen
simple, son.




sábado, 2 de abril de 2016

NO


No me hables de lo que es correcto,
no me hables de la errata y el acierto,
no me hables!
No me digas lo malo de lo bueno ni lo bueno de lo malo.
No me ahuyentes con metáforas,
no me inundes de letargos,
no seduzcas la agonía ni maltrates la utopía.
No menciones las canciones del recuerdo,
no añores las mañanas desteñidas.
No me aprietes todo el cuerpo en despedida,
no controles los secretos,
no amenaces mis ensueños,
no prediques sin sentimiento,
no acaricies la mañana ni perfumes mi almohada.
No me crees y destruyas,
no alabes el paisaje,
no me cuentes de nirvanas,
no abraces la distancia,
no entretengas mi cordura,
no permanezcas taciturno,
no ordenes mis desastre,
y por favor, no sonrías de esa forma.
No aparezcas subrayado,
no sangres por la herida,
no suprimas ni reprimas,
no te desvanezcas tan callado.
No aquejes la penumbra,
no empañes de nostalgia ni voltees la mirada.
No derrumbes el deseo,
no vuelvas sin volver,
no retuerzas mis entrañas,
no desesperes mi esperanza,
no resuelvas, no contengas,
no me mires con vergüenza,
no supongas lo no dicho,
no desarmes las posturas,
no me beses tiernamente.
No supliques mi presencia,
no acaricies sin medida,
no ilusiones a mis monstruos,
no entrecortes mas mi aliento,
no propongas ni dispongas,
no me lleves ni a la esquina,
no me des y me quites,
no te acerques, no me ames.





jueves, 31 de marzo de 2016

El Kháos, obvio.


Dicen que cuando dos personas con un alto porcentaje de compatibilidad emocional se conocen, el mundo de cada una de ellas se vuelve un caos, como si las fuerzas encargadas de unirlos chocaran con las fuerzas encargadas de separarlos (todo muy cuestión de química avanzada), y como producto de ese estallido se produce una revolución extraordinaria en la propia vida de cada involucrado; el dato de color es que esto sucede de una forma involuntaria y casi automática para generar espacio y tiempo para aquél posible amor y quitar del horizonte final, y a riesgo de que empañen la historia, todos esos problemas que pateamos durante tanto tiempo para después. Cuando el amor llega ese "después" se hace hoy, y es justo en ese punto donde cada uno debe optar por una resolución, enfocarse en ordenar el caos o abrirse a conocer a su nueva oportunidad o porque no, darle espacio al ingenio para que luche a favor de ambas cuestiones.
Conocí a Ramón, si, Ramón, un otoño de algún año, volvía a casa caminando al medio día, el sol pegaba fuerte sobre el asfalto, los árboles, sobre mí y todo lo demás. A medio camino hay una plaza llena de árboles y decidí reposar allí un momento a beber agua y disfrutar de los últimos días de calor, relajarme, sola, sin apuros. Sobre el pasto escuchando música con los auriculares y los ojos cerrados siento una lengua que resbala sobre mi frente, instante en el que sorpresivamente me reincorporo y veo a Kháos, un pequeño perro negro moviendo la cola para todos lados saltando e invitándome a jugar; quito los auriculares de mis oídos y lo saludo al mismo tiempo que le convido unas caricias en el lomo, corriendo se acercaba Ramón para pedirme disculpas, lo cual yo conteste con sonrisas que no era ningún problema que me gustaban mucho los animales, y él también pero no se lo dije, obvio que no se lo dije. No recuerdo bien como la conversación se extendió, charlamos cerca de una hora mientras Kháos corría por todos lados, intercambiamos nuestros números y quedamos en volvernos a encontrar en la plaza en algún momento, le deseé suerte y emprendí nuevamente el recorrido  hacia mi casa sin nuevas distracciones y pensando en lo extraño de ese encuentro, no muchas mas veces que en el cine Hollywoodense ocurren estas cuestiones, por lo pronto decidí no hacer suposiciones y dejar que las cosas pasaran como quisieran. 
Al cabo de una semana recibí un mensaje de Ramón preguntándome si iba a estar en la plaza ese mediodía, él iba a llevar a Kháos y gustaba de reencontrarse conmigo; mensaje que no respondí pero igualmente fui al lugar del ultimo encuentro y luego de unos minutos aparecieron juntos. Ramón me preguntó si me había molestado su mensaje, le dije que no, que preferí hacerlo igual de "casual" que la primera vez, me sonrió y no volvió a indagar sobre el tema. Charlamos varias horas mientras Kháos iba y venía y se revolcaba al rededor. Me contó de su trabajo, de su carrera, de su familia, sus amigos, y creo que no dejó muchos aspectos básicos de su vida sin mencionar; yo también le conté algunas cosas acerca de mi vida. Charlamos lo suficiente como para arreglar salir juntos alguna noche a cenar y acepté.
No recordaba lo que se sentía tener una cita, los nervios, las mil preguntas y todas las conjeturas y suposiciones a las que llegamos con estas cuestiones, pero no le di mayor importancia y llegué al bar donde habíamos quedado, él llego unos minutos mas tarde sin Kháos, y tomamos unas cervezas hasta estar lo suficientemente ebrios como para besarnos desinteresadamente, luego cada uno a su casa.
Los días siguientes fueron sucediendo con constantes mensajes a través del celular contándonos acerca de nuestro día y lo que hacíamos a cada momento; básicamente como empiezan las relaciones hoy en día. Me invitó a vernos, le propuse venir a mi casa por lo temprano del horario y después salir a comer algo por algún lugar, él accedió, conversamos un largo rato, fuimos a cenar y luego volvimos; nos besamos mucho, muchísimo y lo llevé a mi cama en donde lo desnudé y le hice el amor a modo de postre. Nos despertamos al otro día, con sonrisas cómplices, le preparé un café y luego lo acompañé hasta la puerta dónde lo dejé ir. 
Al día siguiente, intentando hacer una presentación en mi computadora, el disco duro comenzó a funcionar mal al punto de descubrir que se había dañado, así que el resto del día tuve que dedicarme a solucionar ese problema ya que necesitaba ese trabajo terminado en tres días. Luego de pasar por eso, llegando a mi oficina el auto se descompuso y tuve que llamar a la grúa para llevarlo al taller y que me cobraran un dineral por algo que no sabía ni de que se trataba, nunca sabré si realmente ese costo era razonable o si mi condición de urgencia e ignorancia sobre el tema fueron las que elevaron el precio. Para finalizar, la presentación la entregué un día tarde con el consiguiente llamado de atención por parte de mis jefes, había mirado mal la fecha y con el tema de la computadora y el auto se me pasó por alto; y como esto no termina ahí, el sábado lavé todas las camisas blancas del trabajo en el lavarropas y se me inmiscuyo una media color verde (sabrán entender los resultados), además murió el helecho que me había regalado mi madre hacia dos semanas, perdí un billete de 100 pesos, el gato defecó sobre las sábanas nuevas de mi cama, se reventó una lapicera azul que tenía guardada en el bolsillo de mi camisa (si ahora es verde veteada con una gran mancha azul en el pecho), después se me cayó tres veces el celular: una mientras caminaba apurada buscando el pronóstico y un ciclista me llevó por delante, otra mientras hacia pis (por suerte esquivó en el inodoro) y otra cuando bajaba del auto y había olvidado que lo tenia apoyado sobre mi falda, con ésta última dejó funcionar y por ende Ramón se diluyó también en alguno de esos golpes.
Como resultado de esta semana trágica olvidé por completo recuperar su número ya que mi enojo con el mundo era lo suficientemente grande como para ignorarlo hasta que la mufa se diluyera. Aún creo que si el destino nos cruzó alguna vez fue por algo, y ese "algo" podrá hacer que nos volvamos a reunir si es así que el mundo lo prefiere, o hasta que vuelva a tener un nuevo celular.
Mientras tanto, sigo recostándome en la plaza camino a casa, me pongo los auriculares y cierro los ojos e imagino que pasaría si yo no fuera yo, y yo fuera Ramón o tal vez el mismo Kháos.